qué es el chemsex

¿Qué es el Chemsex y qué riesgos tiene para la salud?

El término chemsex hace referencia al consumo intencionado de determinadas sustancias psicoactivas antes o durante las relaciones sexuales, con el objetivo de intensificar el placer, prolongar los encuentros o facilitar la desinhibición.

Aunque puede asociarse con experiencias de ocio y sexualidad, el chemsex también puede implicar riesgos importantes para la salud física, psicológica y sexual, especialmente cuando se combinan diferentes sustancias o el consumo comienza a resultar difícil de controlar.

Comprender en qué consiste esta práctica, qué factores pueden aumentar sus riesgos y cuándo conviene solicitar ayuda permite abordar el tema desde una perspectiva sanitaria, sin estigmatizar a quienes participan en ella.

¿Qué sustancias suelen estar relacionadas con el chemsex?

El chemsex se ha descrito principalmente en determinados contextos sexuales entre hombres que tienen relaciones sexuales con hombres, aunque el consumo de sustancias asociado al sexo puede darse en otras poblaciones.

Entre las sustancias más frecuentemente relacionadas con esta práctica se encuentran:

  • Metanfetamina. Es un potente estimulante que puede aumentar la energía, la activación y la desinhibición.
  • GHB y GBL. Son sustancias depresoras del sistema nervioso central que pueden producir relajación, euforia y alteraciones del nivel de conciencia.
  • Mefedrona y otras catinonas sintéticas. Son estimulantes que pueden aumentar la excitación y favorecer encuentros prolongados.

También pueden utilizarse otras sustancias, como cocaína, ketamina o determinados medicamentos para la disfunción eréctil.

Los efectos y riesgos varían según la sustancia, la cantidad, la vía de administración y las posibles combinaciones.

 

¿Por qué algunas personas consumen sustancias durante las relaciones sexuales?

Las motivaciones pueden ser muy diferentes y no siempre están relacionadas exclusivamente con la búsqueda de placer físico.

Algunas personas utilizan sustancias para sentirse más desinhibidas, reducir la ansiedad social o sexual, aumentar la confianza o facilitar determinadas experiencias íntimas.

En otros casos, el consumo puede relacionarse con dificultades para gestionar emociones, inseguridades, sentimientos de soledad o experiencias previas de rechazo.

Esto no significa que todas las personas que practican chemsex presenten problemas psicológicos o una adicción. Sin embargo, comprender qué función cumple el consumo en la vida de cada persona resulta importante cuando aparecen consecuencias negativas.

 

¿Qué riesgos físicos puede tener el chemsex?

Los riesgos dependen de las sustancias utilizadas y de las circunstancias en las que se desarrolla el encuentro.

Los estimulantes pueden aumentar la frecuencia cardíaca, la presión arterial y la temperatura corporal. En determinados casos, especialmente con consumos elevados o prolongados, pueden producir complicaciones cardiovasculares, hipertermia o alteraciones importantes del estado mental.

Las sustancias depresoras, como el GHB, pueden provocar somnolencia intensa, pérdida de conciencia y dificultades respiratorias.

Además, los encuentros prolongados pueden favorecer el agotamiento, la falta de descanso y la deshidratación.

La combinación de GHB con alcohol u otros depresores del sistema nervioso central incrementa el riesgo de intoxicación grave.

 

Chemsex y salud sexual: ¿qué aspectos conviene tener en cuenta?

El consumo de sustancias puede alterar la percepción del riesgo, la capacidad para tomar decisiones y la comunicación durante las relaciones sexuales.

En determinadas circunstancias, esto puede aumentar la probabilidad de mantener relaciones sin las medidas de protección previstas, exponerse a infecciones de transmisión sexual (ITS) o sufrir lesiones.

También es importante considerar el consentimiento. Para que exista consentimiento válido, las personas deben conservar la capacidad de decidir libremente y comprender lo que está ocurriendo. Una intoxicación intensa puede comprometer esa capacidad.

Desde una perspectiva preventiva, el acceso a información sobre preservativos, pruebas periódicas de ITS, vacunación y estrategias como la profilaxis preexposición frente al VIH (PrEP) puede contribuir a proteger la salud sexual.

La frecuencia de las pruebas y las medidas preventivas adecuadas deben valorarse según las prácticas y circunstancias individuales, sin dar por hecho que todas las personas tienen las mismas necesidades.

 

¿Cómo puede afectar el chemsex a la salud mental?

Los efectos psicológicos pueden aparecer durante el consumo o en las horas y días posteriores.

Algunas sustancias estimulantes pueden asociarse con ansiedad, irritabilidad, dificultades para dormir o cambios importantes en el estado de ánimo. En determinadas circunstancias también pueden aparecer paranoia o síntomas psicóticos.

Cuando los encuentros implican periodos prolongados sin descanso, la falta de sueño puede intensificar estas manifestaciones.

Por otra parte, algunas personas pueden experimentar sentimientos de culpa, malestar emocional o dificultades para integrar determinadas experiencias sexuales.

Es importante distinguir entre el malestar relacionado con los efectos de las sustancias y el que puede surgir por el estigma social, la discriminación o la falta de espacios seguros para hablar sobre sexualidad y consumo.

Una atención psicológica adecuada debe contemplar ambos aspectos sin convertir la orientación sexual ni las prácticas sexuales consensuadas en un problema clínico.

 

¿Cuándo puede convertirse en una conducta problemática?

No todas las personas que practican chemsex desarrollan un consumo problemático. Sin embargo, pueden aparecer patrones de consumo que afecten progresivamente a la autonomía y al bienestar.

Algunas señales que conviene valorar son:

  • Necesitar consumir sustancias para disfrutar de las relaciones sexuales.
  • Aumentar la frecuencia o la duración de los encuentros pese a experimentar consecuencias negativas.
  • Tener dificultades para establecer límites o interrumpir el consumo.
  • Descuidar el descanso, el trabajo, las relaciones personales u otras responsabilidades.
  • Experimentar un malestar intenso ante la posibilidad de mantener relaciones sexuales sin sustancias.

En ocasiones, el consumo puede acabar condicionando la manera de vivir la intimidad, hasta el punto de que la sexualidad sin sustancias resulte menos satisfactoria o genere ansiedad.

Identificar estos cambios permite intervenir antes de que las dificultades se consoliden.

 

¿Cómo se aborda el chemsex desde el tratamiento de las adicciones?

El abordaje profesional debe adaptarse a la situación de cada persona. No todas necesitan el mismo tipo de intervención ni presentan los mismos riesgos.

Una valoración especializada permite explorar las sustancias utilizadas, los patrones de consumo, la salud mental, las relaciones sexuales y los posibles factores emocionales asociados.

El tratamiento no debe centrarse únicamente en dejar de consumir, sino también en comprender la relación que se ha establecido entre las sustancias, el placer, la intimidad y el bienestar emocional.

Según las necesidades individuales, puede incluir atención psicológica, tratamiento de una posible dependencia, estrategias de reducción de riesgos y coordinación con profesionales de salud sexual.

Un entorno terapéutico respetuoso, confidencial y libre de prejuicios facilita que la persona pueda hablar abiertamente de sus experiencias y recibir una atención adecuada.

 

Hablar de chemsex también es hablar de salud

El chemsex reúne aspectos relacionados con el consumo de sustancias, la sexualidad, las relaciones personales y la salud mental. Por eso, abordarlo exclusivamente desde la perspectiva de las drogas puede dejar fuera elementos importantes para comprender cada situación.

En Forum ofrecemos acompañamiento profesional a personas que presentan dificultades relacionadas con el consumo de sustancias, mediante una atención individualizada y respetuosa con sus circunstancias personales.

Reconocer los riesgos, disponer de información fiable y contar con espacios donde hablar sin miedo al juicio son elementos fundamentales para cuidar la salud y detectar cuándo es necesario pedir ayuda.

Franc Fernández 
Gerente de Fòrum Salud