redes sociales y adolescentes

Redes sociales y adolescentes

Las redes sociales forman parte de nuestra vida. Plataformas como Facebook, Twitter e Instagram han revolucionado la manera de conectar entre nosotros y son utilizadas por una de cada cuatro personas en todo el mundo. Muchos jóvenes no han conocido un mundo sin acceso a Internet y redes sociales. El uso diario, o casi diario de Internet, ha aumentado rápidamente en la última década. En 2007, sólo el 22% de las personas del Reino Unido tenían al menos un perfil en las redes sociales; mientras que el 2016, esta cifra había aumentado al 89%. Ser un adolescente es ya bastante difícil, pero las presiones a las que se enfrentan los jóvenes conectados a las redes, son sin duda únicas para esta generación digital.

 

Redes sociales y adolescentes: efectos secundarios

Sabemos que las redes sociales más populares son fuente de innumerables beneficios y ventajas para sus usuarios, pero también generan efectos secundarios poco saludables. Un nuevo estudio, realizado entre jóvenes británicos, se centra en un problema muy particular: el bienestar y la salud mental de los usuarios de estas aplicaciones, sobre todo Instagram, la que se considera la peor red para la salud mental de los adolescentes.

Las redes sociales se han convertido en un espacio en el que formamos y construimos relaciones, configuramos nuestra propia identidad, y nos expresamos y conocemos el mundo que nos rodea. ¿Pero hemos valorado suficientemente qué riesgos supone?

 

¿Qué edades afecta?

La mayor incidencia del uso de las redes sociales se da entre los jóvenes de 16 a 24 años, un periodo crucial para el desarrollo emocional y psicosocial de las personas. Precisamente por ello, es necesaria una mayor comprensión del impacto de las redes sociales en los jóvenes, poniendo especial interés en cómo éstas pueden afectar a su salud mental.

Muchos padres se preocupan por la forma en que la exposición a la tecnología podría afectar a los niños pequeños desde el punto de vista del desarrollo. Sabemos que nuestros niños en edad preescolar están adquiriendo nuevas habilidades sociales y cognitivas a un ritmo impresionante, y no queremos que horas pegados a un iPad se lo impidan. Pero la adolescencia es un período igualmente importante y de rápido desarrollo, sin embargo, muy pocos de nosotros estamos prestando atención a cómo el uso de la tecnología de nuestros adolescentes (que es mucho más intenso e íntimo que el uso de un niño de 3 años jugando con el iPhone de papá) los está afectando. De hecho, a los expertos les preocupa que las redes sociales y los mensajes de texto, que se han vuelto tan esenciales para la vida adolescente, estén promoviendo la ansiedad y disminuyendo la autoestima.

 

Ansiedad y depresión

Uno de cada seis jóvenes experimentará un trastorno de ansiedad en algún momento de su vida, y las tasas de ansiedad y depresión en los jóvenes han aumentado un 70%. El estudio ha demostrado que cuatro de cada cinco jóvenes afirman que el uso de las redes sociales provoca que sus sentimientos de ansiedad empeoren. Ver amigos constantemente de vacaciones o disfrutando de las noches, puede hacer que los jóvenes sientan que se están perdiendo cosas mientras que otros disfrutan de la vida. Estos sentimientos pueden promover un “comparar” y un efecto de “desesperación”.

Las imágenes a menudo poco realistas que se ofrecen en las redes sociales pueden hacer que los jóvenes tengan sentimientos de autoconciencia, baja autoestima y la búsqueda del perfeccionismo que puede manifestarse como trastornos de ansiedad.

Además de los trastornos de ansiedad, casi 80.000 niños y jóvenes del Reino Unido sufren depresión severa. Hay una creciente evidencia que vincula el uso de las redes sociales y la depresión en los jóvenes. El uso de las redes sociales durante más de dos horas al día también se ha asociado, de forma independiente, con la mala auto apreciación de la salud mental, un aumento de los niveles de angustia psicológica y la incidencia suicida. Este fenómeno se ha etiquetado incluso como “depresión de Facebook”.

 

Dormir

El sueño y la salud mental están estrechamente relacionados. El sueño es especialmente importante en los jóvenes y adolescentes, ya que el dormir es un momento clave para su desarrollo. El sueño es esencial para que podamos funcionar correctamente durante el día y los adolescentes necesitan alrededor de 1-2 horas más de sueño diaria que los adultos.

Numerosos estudios han demostrado que el uso creciente de redes sociales tiene una asociación significativa con la mala calidad del sueño en los jóvenes. 

Utilizar las redes sociales a través de teléfonos, ordenadores portátiles y tabletas por la noche antes de dormir también está relacionado con un sueño de mala calidad. Se piensa que el uso de luces LED antes del sueño, puede interferir y bloquear procesos naturales en el cerebro que desencadenan sensaciones de somnolencia, así como la liberación de la hormona del sueño, la melatonina.

Esto significa que se tarda más en dormir y las personas terminan consiguiendo menos horas de sueño cada noche. 

Uno de cada cinco jóvenes afirma despertarse durante la noche para consultar mensajes en las redes sociales, lo que multiplica por tres el hecho de sentirse cansados en la escuela, en comparación con los compañeros de clase que no utilizan las redes sociales durante la noche.

 

Imagen corporal

La imagen corporal es un problema para muchos jóvenes, tanto hombres como mujeres. Hay 10 millones de fotografías nuevas cargadas sólo en Facebook cada hora, ofreciendo constantemente las posibilidades de compararse. Un estudio también ha demostrado que las chicas expresaban un deseo para cambiar su apariencia como la cara, el pelo y/o la piel después de pasar tiempo en Facebook.

 

Acoso cibernético

El acoso durante la infancia es un factor de riesgo importante para una serie de problemas, incluida la salud mental. El aumento de las redes sociales ha hecho que casi todos los niños y jóvenes estén en contacto constante entre ellos. La jornada escolar permite interacciones cara a cara y el tiempo en casa está lleno de contactos a través de las plataformas de las redes sociales. Aunque buena parte de esta interacción es positiva, también presenta oportunidades para aquellos que quieren continuar con su abuso incluso cuando no están físicamente cerca de un individuo.

El aumento de la popularidad de las aplicaciones de mensajería instantánea, como Snapchat y Whats App, también puede convertirse en un problema ya que actúan como vehículos rápidos para difundir mensajes de propaganda y difundir imágenes.

 

Siete de cada 10 jóvenes han experimentado ciberacoso.

Estas estadísticas son extremadamente preocupantes para la salud general y el bienestar de nuestros jóvenes. Las víctimas de acoso escolar tienen más posibilidades de experimentar bajo rendimiento académico, depresión, ansiedad, sentimientos de soledad y cambios en los patrones de sueño y de alimentación, que podrían alterar su vida.

 

Miedo a perderse alguna cosa (FOMO)

FOMO son las iniciales de fear of missing out, que se puede traducir por “miedo a perderse algo”. 

La expresión describe una nueva forma de ansiedad surgida con la popularización del móvil y las redes sociales, una necesidad compulsiva de estar conectados.

En esencia, FOMO es la preocupación que los eventos sociales, o de cualquier otro tipo, puedan tener lugar sin que estemos presentes para disfrutar. FOMO se caracteriza por la necesidad de estar constantemente conectado con lo que hacen los demás, para no perderse nada. El intercambio de fotos y vídeos en las redes sociales significa que los jóvenes experimentan una corriente prácticamente interminable de experiencias de otros, que potencialmente pueden alimentar los sentimientos de que se están perdiendo cosas.

 

 

Redes sociales y adolescentes: efectos positivos

Pero no todo es malo en las redes: los aspectos más positivos en los que destacaron estas apps fueron la capacidad de tomar conciencia (sobre todo en YouTube), de expresarse y encontrar una identidad propia (Instagram) y de crear comunidad y encontrar apoyo emocional (Facebook).

Auto expresión e identidad propia

La auto expresión y la identidad propia son aspectos importantes del desarrollo en jóvenes y adolescentes. Esta etapa es un momento en que los jóvenes intentan experimentar cosas nuevas, diferentes aspectos de sí mismos y su identidad. A lo largo de este periodo, los jóvenes tienen un medio para expresarse y explorar quién son.

Los medios sociales pueden actuar como una plataforma eficaz para una auto expresión positiva, que les permita presentar lo mejor de sí mismos. Son capaces de personalizar sus perfiles con imágenes, vídeos y palabras que expresan quiénes son y cómo se identifican con el mundo. Las plataformas de medios sociales también son lugares para que los jóvenes compartan contenido creativo y puedan expresar sus intereses y pasiones con los demás. Ser capaz de “gustar” o “seguir” páginas o grupos, hace que los jóvenes puedan construir un “catálogo de identidad” que los represente.

 

Hacer, mantener y construir relaciones

Las plataformas de las redes sociales ofrecen a los jóvenes una herramienta útil para hacer, mantener o hacer realidad relaciones interpersonales a nivel mundial. Esto puede ser a través de estar conectado con amigos y familiares de todo el mundo, que de otro modo sería imposible. También pueden realizar nuevos amigos a través de las redes, aunque los jóvenes deberían abordar esto con precaución y sólo deberían encontrarse por primera vez en entornos seguros.

El aspecto de la construcción de comunidades también es un elemento positivo. Al unirse a “grupos” o “páginas”, los jóvenes pueden rodearse de personas similares con quienes comparten sus pensamientos o inquietudes. Estos grupos pueden ser minorías en el mundo real, pero pueden crear comunidades en línea que proporcionen una red segura para los jóvenes, tales como aquellos de la comunidad LGBT o las minorías étnicas. Los medios sociales permiten que estos jóvenes se conecten y generen sentido de comunidad, a pesar de la separación geográfica.

La gente joven reporta que puede haber una buena razón para preocuparse. En una encuesta llevada a cabo por la Royal Society of Public Health, se preguntó a jóvenes entre 14 y 24 años de edad en Gran Bretaña, de qué manera las plataformas de las redes sociales tenían un impacto en su salud y bienestar. Los resultados de la encuesta encontraron que Snapchat, Facebook, Twitter e Instagram aumentaban los sentimientos de depresión y ansiedad, mala imagen corporal y soledad.

Comunicación indirecta

Los adolescentes son expertos en mantenerse ocupados durante horas después de la escuela y hasta mucho tiempo después de la hora de acostarse. Cuando no están haciendo su tarea (y cuando la hacen) están en línea y en sus teléfonos, enviando mensajes de texto, compartiendo, provocando, desplazando el cursor de arriba hacia abajo, lo que sea. 

Por supuesto, antes de que todos tuvieran una cuenta de Instagram, los adolescentes también se mantenían ocupados, pero era más probable que hablaran por teléfono o en persona cuando salían al centro comercial. Aunque pudo haber parecido una gran cantidad de reuniones sin sentido, lo que estaban haciendo era experimentando, probando habilidades, teniendo éxito y fracasando en cientos de pequeñas interacciones en tiempo real, que los niños de hoy se están perdiendo. Por su parte, los adolescentes modernos están aprendiendo a comunicarse mayormente mientras miran una pantalla, no a otra persona.

“Como especie estamos muy en sintonía con la lectura de señales sociales”, dice la Dra. Catherine Steiner-Adair, psicóloga clínica y autora de The Big Disconnect. “No hay duda de que los niños están perdiendo habilidades sociales muy críticas. De alguna manera, enviar mensajes de texto y comunicarse en línea no provoca una discapacidad de aprendizaje no verbal, pero sí coloca a todos en un contexto de discapacidad no verbal, donde el lenguaje corporal, la expresión facial e incluso los tipos más pequeños de reacciones vocales se vuelven invisibles”.

 

Disminuir los riesgos

Ciertamente, hablar de forma indirecta crea una barrera para una comunicación clara, pero eso no es todo. Aprender cómo hacer amigos es una parte importante del crecimiento, y la amistad requiere, en cierta medida, asumir riesgos. 

Esto es cierto para hacer un nuevo amigo y también es cierto para mantener amistades. Cuando hay problemas que hay que enfrentar, grandes o pequeños, se requiere valentía para ser honesto acerca de sus sentimientos y luego escuchar lo que la otra persona tiene que decir. Aprender a cruzar efectivamente estos puentes es parte de lo que hace que la amistad sea divertida, emocionante y también aterradora. “Parte de la autoestima saludable es saber cómo decir lo que piensa y siente, incluso cuando no está de acuerdo con otras personas o si se siente emocionalmente arriesgado”, señala la Dra. Steiner-Adair.

Pero cuando la amistad se lleva a cabo en línea y a través de textos, los niños lo hacen en un contexto despojado de muchos de los aspectos más personales, y a veces intimidantes, de la comunicación. Es más fácil mantener la defensa alta cuando estás enviando mensajes de texto, por lo que hay menos en juego. No estás escuchando o viendo el efecto que tus palabras están causando en la otra persona. 

Debido a que la conversación no está sucediendo en tiempo real, cada parte puede tomar más tiempo para considerar una respuesta. No es de extrañar que los niños digan que llamar a alguien por teléfono es “demasiado intenso”; requiere una comunicación más directa y si no está acostumbrado a eso, puede sentirse atemorizado.

Si los niños no practican lo suficiente relacionándose con otras personas y satisfaciendo sus necesidades en persona y en tiempo real, muchos de ellos se convertirán en adultos ansiosos acerca del medio principal de comunicación de nuestra especie: hablar. Y, por supuesto, las negociaciones sociales solo se vuelven más riesgosas a medida que la gente envejece y comienza a navegar en relaciones románticas y empleo.

Acoso cibernético y el síndrome del impostor

El otro gran peligro que proviene de que los niños se comuniquen más de forma indirecta es que se ha vuelto más fácil ser cruel. “Los niños envían todo tipo de mensajes que ni de broma pensarían en decirle a nadie en la cara”, dice la Dra. Donna Wick, una psicóloga clínica y de desarrollo que dirige Mind to Mind Parent. Ella señala que esto parece ser especialmente cierto en el caso de las niñas, a quienes generalmente no les gusta estar en desacuerdo con sus amigas en la “vida real”.

“Esperas enseñarles que pueden no estar en de acuerdo sin poner en peligro la relación, pero lo que las redes sociales les están enseñando a hacer es estar en desacuerdo de maneras más extremas que ponen en peligro la relación. Es exactamente lo que no quieres que suceda”, dice ella.

La Dra. Steiner-Adair concuerda con que las niñas corren un riesgo particular. “Las niñas se socializan más para compararse con otras personas, en particular con otras niñas, para desarrollar sus identidades, por lo que las hace más vulnerables a la desventaja de todo esto”. Ella advierte que a menudo la falta de autoestima sólida es la culpable. “Olvidamos que la agresión relacional proviene de la inseguridad y de sentirse mal contigo mismo, y el deseo de derribar a otras personas para sentirse mejor”.

La aceptación entre sus iguales es importante para los adolescentes, y muchos de ellos se preocupan por su imagen tanto como un político que se postula para un cargo y para ellos puede sentirse tan serio. Agregue a eso el hecho de que los niños de hoy están obteniendo datos reales de encuestas sobre cuánto les gustan a las personas o sobre su apariencia, a través de cosas como “me gusta”. Es suficiente para que alguien no mire. ¿Quién no querría verse “mejor” si puede? Entonces los niños pueden pasar horas podando sus identidades en línea, tratando de proyectar una imagen idealizada,agonizando sobre cuáles publicar en línea. 

Los chicos compiten por la atención tratando de superar a los demás, empujando todo lo que pueden en la ya desinhibida atmósfera en línea. Los niños hacen pandillas unos contra otros.

Los adolescentes siempre han estado haciendo esto, pero con el advenimiento de las redes sociales se enfrentan a más oportunidades y más trampas que nunca. Cuando los niños se desplazan a través de sus muros en redes sociales y ven qué bien parecen todos, solo aumenta la presión. Estamos acostumbrados a preocuparnos por los ideales poco prácticos que los modelos de revistas retocados digitalmente le dan a nuestros hijos, pero ¿qué sucede cuando el chico de al lado también está retocado? Aún más confuso, ¿qué pasa cuando tu propio perfil no representa realmente a la persona que sientes que eres en tu interior?

“La adolescencia, y en particular el principio de la década de los veinte, son los años en los que eres muy consciente de los contrastes entre quién pareces ser y quién crees que eres”, dice el Dr. Wick. “Es similar al ‘síndrome impostor’ en psicología. A medida que envejeces y adquieres más dominio, empiezas a darte cuenta de que en realidad eres bueno en algunas cosas y luego sientes que esa brecha, con suerte, se estrecha. ¡Pero imagine que su miedo más profundo y tenebroso es que no sea tan bueno como parece, y luego imagine que necesita verse tan bien todo el tiempo! Es agotador”.

Como explica la Dra. Steiner-Adair, “la autoestima proviene de la consolidación de lo que eres”. Cuantas más identidades tengas, y cuanto más tiempo pases haciéndote pasar por alguien que no eres, más difícil será sentirte bien acerca de ti mismo.

Otro gran cambio que ha llegado con la nueva tecnología, y especialmente con los teléfonos inteligentes, es que nunca estamos realmente solos. Los niños actualizan sus estados, comparten lo que están viendo, escuchando y leyendo, y tienen aplicaciones que les permiten a sus amigos conocer su ubicación específica en un mapa en todo momento. Incluso si una persona no está tratando de mantener a sus amigos actualizados, nunca estará fuera del alcance de un mensaje de texto. El resultado es que los niños se sienten hiperconectados entre sí. La conversación nunca debe detenerse y parece que siempre sucede algo nuevo.

“Independientemente de lo que pensemos sobre las ‘relaciones’ mantenidas y en algunos casos iniciadas en las redes sociales, los niños nunca obtienen un descanso de ellas”, señala el Dr. Wick. “Y eso, en sí mismo, puede producir ansiedad. Todos necesitan un respiro de las demandas de intimidad y conexión; tiempo a solas para reorganizarse, reponerse o simplemente relajarse. Cuando no tienes eso, es fácil convertirte en alguien emocionalmente agotado y terreno fértil para que la ansiedad se reproduzca”.

De igual modo, es sorprendentemente fácil sentirse solo en medio de toda esa hiperconexión. Por un lado, ahora los niños saben con certeza deprimente cuándo se les ignora. Todos tenemos teléfonos y todos respondemos a las cosas con bastante rapidez, de modo que cuando esperas una respuesta que no llega, el silencio puede ser ensordecedor. El tratamiento silencioso puede ser un insulto estratégico o simplemente el desafortunado efecto secundario de una relación adolescente en línea que comienza intensamente, pero luego se desvanece.

“En los viejos tiempos, cuando un niño iba a romper contigo tenía que tener una conversación contigo. O al menos tenía que llamar “, dice el Dr. Wick. “En estos días, podría desaparecer de tu pantalla y podrías nunca llegar a tener la conversación sobre… ¿Qué hice?”. Con frecuencia los niños quedan imaginándose lo peor de sí mismos.

Pero incluso cuando la conversación no termina, estar en constante estado de alerta puede provocar ansiedad. Podemos sentir que estamos siendo dejados de lado y nosotros mismos hacer de lado a los demás, y nuestra necesidad humana de comunicarnos también se delega de manera efectiva de ese modo.

 

¿Qué deberían hacer los padres?

Ambos expertos entrevistados para este artículo coincidieron en que lo mejor que pueden hacer los padres para minimizar los riesgos asociados con la tecnología es reducir primero su propio consumo. Depende de los padres dar un buen ejemplo de cómo se ve el uso saludable de la computadora. La mayoría de nosotros revisamos con mucha frecuencia nuestros teléfonos o nuestro correo electrónico, ya sea por interés real o por el hábito nervioso. 

Los niños deberían estar acostumbrados a ver nuestras caras, no nuestras cabezas inclinadas sobre una pantalla. Establezca zonas libres de tecnología en la casa y horas sin tecnología, en las que nadie usa el teléfono, incluidos mamá y papá. “No entre por la puerta después del trabajo en medio de una conversación”, aconseja la Dra. Steiner-Adair. “No camine por la puerta después del trabajo, diga ‘hola’ rápidamente y luego ‘simplemente revise su correo electrónico’. Por la mañana, levántese media hora antes que sus hijos y revise su correo electrónico en ese momento. Préstele toda su atención hasta que salgan por la puerta. Y ninguno de ustedes debería usar teléfonos en el automóvil hacia o desde la escuela porque ese es un momento importante para hablar”.

Limitar la cantidad de tiempo que pasa enchufado a las computadoras no sólo proporciona un contrapunto saludable para el mundo obsesionado con la tecnología, sino que también fortalece el vínculo entre padres e hijos y hace que los niños se sientan más seguros. Los niños necesitan saber que usted está disponible para ayudarlos con sus problemas, hablar sobre su día o para darles una perspectiva realista.

“Son los mini momentos de desconexión, cuando los padres están demasiado concentrados en sus propios dispositivos y pantallas, que diluyen la relación entre padres e hijos”, advierte la Dra. Steiner-Adair. Y cuando los niños comiencen a recurrir a Internet en busca de ayuda o para procesar lo que ocurra durante el día, es posible que no les guste lo que sucede. 

“La tecnología puede brindarle a sus hijos más información que usted y no tiene sus valores”, señala la Dra. Steiner-Adair. “No será sensible a la personalidad de su hijo y no responderá a sus preguntas de una manera apropiada para su etapa de desarrollo”.

Además, el Dr. Wick aconseja retrasar la edad del primer uso tanto como sea posible. “Utilizo aquí el mismo consejo que uso cuando hablo de niños y alcohol: trate de llegar lo más lejos posible sin nada”. Si su hijo está en Facebook, la Dra. Wick dice que usted debe ser el amigo de su hijo y monitorear su página. Pero ella aconseja no revisar mensajes de texto a menos que haya motivos de preocupación. “Si tienes una razón para estar preocupado, entonces está bien, pero será una buena razón”. Veo padres que simplemente espían a sus hijos. Los padres deben comenzar por confiar en sus hijos. No darle a su hijo el beneficio de la duda es increíblemente perjudicial para la relación. Tienes que sentir que tus padres piensan que eres un buen muchacho”.

Principales acuerdos en el compromiso por un uso seguro de las redes:

  • Crear juntos un perfil. Es importante que los padres participen en la elección del nombre y la fotografía que el menor se pondrá como perfil, en caso de que esto sea necesario. 
  • Establecer una contraseña segura que conocerán tanto el hijo/a como los padres.
  • Configurar perfiles privados o restringidos de manera que tan sólo puedan hacer comentarios los amigos.
  • El hijo/a entiende que los administradores del perfil son los padres, por lo que pueden supervisar la actividad, saber con quén se relaciona y ver qué publica.
  • Se fijará un tiempo máximo de uso al dia, y en un horario acordado, siempre que se hayan cumplido las responsabilidades diarios del hijo/a respecto a los estudios y las tareas domésticas.
  • Se pueden fijar los espacios en los que los menores hacen uso de las redes. Siempre en espacios compartidos con el resto de la familia y nunca en espacios privados como la habitación, baño o zona de estudio. Cualquier excepción puede pactarse conjuntamente. 

El menor se compromete a:

  • El menor se compromete a pensar siempre en lo que debe publicar, porque lo que se comparte en internet pasa a ser público y ya no se puede rectificar. 
  • Se compromete a no compartir imágenes íntimas o que muestren demasiada información sobre él o su familia (calle, centro educativo, rutina diaria). 
  • Pedirá permiso antes de compartir una imagen en la que aparezcan otras personas. 
  • No utilizará las redes para hacer daño a otros, mofarse o humillar.
  • Sólo aceptará como seguidores a “amigos” a los que conoce personalmente y sean de confianza. 
  • No compartirá nunca datos personales (nombre, dirección, número de teléfono…).
  • Si alguien hace alguna publicación molesta, deberá comentarlo con los padres.
  • Cuando esté con otras personas, les prestará atención y mantendrá el móvil en silencio y fuera de la vista para que no moleste. 
  • Debe ser consciente de que las redes sociales no son el centro de sus relaciones sociales,tan sólo es un espacio más donde puede hablar con sus amigos y entretenerse en los ratos libres.


Ana Ces

Coordinadora de Programas de Fundació Fòrum

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